S5. Actividad 2. Analisis y Abstraccion De Informacion
MARCO
TEORICO
HÁBITOS SALUDABLES
EN NIÑOS Y NIÑAS
Definir a los hábitos alimentarios no resulta sencillo ya que
existe una diversidad de conceptos, sin embargo, la mayoría converge en que se
tratan de manifestaciones recurrentes de comportamiento individuales y
colectivas respecto al qué, cuándo, dónde, cómo, con qué, para qué se come y
quién consumen los alimentos, y que se adoptan de manera directa e
indirectamente como parte de prácticas socioculturales.
En la adopción de los hábitos alimentarios intervienen
principalmente tres agentes; la familia, los medios de comunicación y la
escuela. En el caso de la familia, es el primer contacto con los hábitos
alimentarios ya que sus integrantes ejercen una fuerte influencia en la dieta
de los niños y en sus conductas relacionadas con la alimentación, y cuyos
hábitos son el resultado de una construcción social y cultural acordada
implícitamente por sus integrantes.
Los hábitos alimentarios se aprenden en el seno familiar y se
incorporan como costumbres, basados en la teoría del aprendizaje social e
imitadas de las conductas observadas por personas adultas que respetan.
Otros modos de aprendizaje se dan a través de las preferencias o rechazos
alimentarios en los niños, en donde estos últimos son expuestos repetidamente a
una serie de alimentos que conocen a través del acto de comer enmarcado por
encuentros entre padres e hijos.
Sin embargo, los hábitos alimentarios se han ido modificando por
diferentes factores que alteran la dinámica e interacción familiar; uno de
ellos corresponde a la situación económica que afecta los patrones de consumo
tanto de los niños como de los adultos, la menor dedicación y falta de
tiempo para cocinar, lo que provoca que las familias adopten nuevas formas de
cocina y de organización y la pérdida de autoridad de los padres en la
actualidad, ha ocasionado que muchos niños coman cuándo, cómo y lo qué quieran.
Por su parte, la publicidad televisiva forma parte del ambiente
social humano, que en el caso de su influencia en los hábitos alimentarios de
los niños ha ido desplazando a instancias como la familia y la escuela;
promoviendo un consumo alimentario no saludable, ya que los niños son más
susceptibles de influenciar, debido a que se encuentran en una etapa de
construcción de su identidad, y por lo tanto son fácilmente manipulables
por los anuncios publicitarios que promocionan nuevos alimentos.
En el caso de la escuela, dicha institución permite al niño
enfrentarse a nuevos hábitos alimentarios que en muchas ocasiones no son
saludables; aunque también asume un rol fundamental en la promoción de factores
protectores en cuestión de hábitos alimentarios. En este sentido, las acciones
de promoción y prevención escolar están a cargo de los profesores a través de
los contenidos temáticos en materias como ciencias naturales. Sin embargo, es
necesario tratar este tipo de temas desde una perspectiva integral que
permita combinar conocimientos, actitudes y conductas saludables que promueva
en los niños un estilo de vida saludable, e incluso coadyuve a evitar la
aparición de síntomas de trastornos alimentarios
versión On-line ISSN
0717-7518Rev.
chil. nutr. vol.39 no.3 Santiago set. 2012
recuperado el 19 de mayo de 2018
recuperado el 19 de mayo de 2018
http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182012000300006
Rev Chil Nutr Vol. 39, N°3, Septiembre 2012, págs.: 40-43
Rev Chil Nutr Vol. 39, N°3, Septiembre 2012, págs.: 40-43
ANTECEDENTES
Las desviaciones en el crecimiento temprano, ya sea por el bajo
peso y el retardo del crecimiento o por sobrepeso y obesidad, pueden minar la
salud de los niños y, por ende, su bienestar. En muchas familias existen ambas
condiciones, por lo que se plantean desafíos a las políticas y directrices
nacionales de nutrición. Aunque el papel de la familia es bien conocido muchas de las intervenciones nutricionales se centran casi exclusivamente en la
dieta, con escasa atención a los comportamientos de interacción entre los
cuidadores y los niños, actividades que caracterizan a las primeras experiencias
de alimentación. Los hábitos establecidos tempranamente en la vida suelen
persistir con el paso del tiempo, esto hace a los primeros años de vida un
tiempo ideal para ayudar a las familias a establecer hábitos saludables de
alimentación y evitar tanto la desnutrición como el sobrepeso. Este artículo
examina el desarrollo de conductas de alimentación temprana y propone
estrategias para asegurar un crecimiento y desarrollo óptimos de los niños.
BASES
TEORICAS
LAS NECESIDADES NUTRICIONALES Y LAS HABILIDADES DE DESARROLLO DE
LOS BEBÉS
Las necesidades nutricionales de los infantes son altas para
sostener su rápido crecimiento. Se recomienda la lactancia materna exclusiva
durante los primeros seis meses de vida, la cual no solo satisface las
necesidades nutricionales de los bebés, sino que también proporciona inmunidad,
permite a los niños a regular su consumo y experimentar la alimentación
temprana en el contexto de una relación que nutre su desarrollo;
adicionalmente, la lactancia se ha asociado con la reducción de la obesidad y
otras enfermedades crónicas.
El hambre y la saciedad de los niños son guiadas por los procesos
internos de regulación e influenciadas por los cuidadores y el contexto de la
alimentación. ¿Qué?, ¿cuándo? y ¿cómo? comen los niños, en gran medida son
establecidos por un amplio rango de determinantes y procesos familiares que se
extienden desde las creencias y patrones culturales sobre la comida para los
niños; a la disponibilidad y accesibilidad de los alimentos; al tiempo necesario
para preparar y servir la comida; a las preferencias del gusto y contexto de
los cuidadores y, finalmente, a las percepciones y preocupaciones con respecto
al tamaño de los niños, su salud, preferencias, y destrezas de alimentación.
Aprender a comer requiere una compleja integración de habilidades
en el proceso en lo cual los infantes aprenden a autorregular sus estados de
hambre y saciedad en el dar y recibir que caracteriza a las interacciones durante los momentos de comer
con su cuidador. Aunque las destrezas de alimentarse continúan por un camino de
desarrollo claro, hay grandes diferencias individuales en las habilidades y
preferencias. El primer año de vida está marcado por un crecimiento rápido y
altos requerimientos nutricionales. Como las habilidades orales, motoras y
digestivas de los niños maduran, su dieta y comportamiento alimentario
atraviesan por grandes transiciones. Ellos pasan de una dieta de leche materna
o una dieta basada en leche artificial a los alimentos complementarios y,
finalmente, a la dieta familiar. Al mismo tiempo, avanzan desde la dependencia
de ser alimentado en una posición supina o semirreclinada a alimentarse en una
posición sentada. A la edad de 12 meses, los niños pueden sentarse de forma
independiente, masticar y pasar una gama de texturas así como alimentarse a sí
mismos con alimentos que pueden recoger con los dedos, y participar en las
comidas familiares. El impulso hacia la autonomía característica de los
niños 1 a 2 años se evidencia en el deseo de los niños pequeños a tocar sus
alimentos y comenzar a alimentarse por sí solos.
Durante el primer año, los niños y los cuidadores establecen una
relación en la que ambos reconocen e interpretan las señales de comunicación
tanto verbal como no verbal. Este proceso recíproco constituye una base para la
vinculación emocional o de apego entre niños y sus cuidadores que es esencial
para el funcionamiento social saludable. El rompimiento de su
comunicación, caracterizada por interacciones inconsistentes, no-responsivas,
pueden minar su relación, lo que lleva a una falta de confianza y seguridad,
con el resultado de que la alimentación puede llegar a ser una ocasión para
batallas improductivas por la comida.
Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Publica
versión impresa ISSN 1726-4634
Recuperado el 19 de mayo de 2018 Rev. perú. med. exp. salud publica v.29 n.3 Lima jul./set. 2012
El cambio en los hábitos alimentarios es determinante en este
incremento en las tasas de obesidad infantil. La adherencia a la dieta
mediterránea, que tradicionalmente mantienen los países de la Cuenca del
Mediterráneo y que se caracteriza por un alto consumo de frutas, vegetales,
legumbres, y carbohidratos complejos, moderado consumo de pescado, el uso de
aceite de oliva como la principal grasa y un consumo moderado de vino durante
las comidas; se ha asociado inversamente con el riesgo de desarrollar obesidad
y ganancia de peso. Los estudios realizados sobre hábitos
dietéticos en niños y adolescentes españoles indican que la dieta mediterránea
está siendo abandonada, que está disminuyendo el consumo de verduras, frutas y
hortalizas y aumentando el consumo de golosinas.
El sedentarismo y la disminución del gasto energético también son
factores decisivos en el desarrollo y la progresión de la obesidad,
y los estudios realizados para valorar la actividad física, indican que la
población Infante juvenil española es la que menos ejercicio practica de Europa
en horario extraescolar.
Por otro lado, junto con el aumento de la obesidad infantil, se ha
producido un incremento en la prevalencia de diabetes tipo 2 en la infancia y de otros factores de riesgo cardiovascular asociados con la obesidad, además
es sabido que la obesidad de inicio en la infancia tiene tendencia a persistir
a lo largo de los años (fenómeno denominado "tracking"). La obesidad
adulta y toda su comorbilidad, incluida la diabetes, suponen un importante reto
para la salud pública, por su abordaje complicado y por el gran consumo de
recursos que suponen, por lo que es necesario el diseño de
estrategias innovadoras y específicas para el abordaje de la obesidad desde la
edad pediátrica.
La escuela es un lugar ideal para promover estilos de vida
saludables y actividad física, ya que acoge a la totalidad de la población en
la educación obligatoria y es la época donde se desarrolla la personalidad, por
lo que es más fácil adquirir hábitos de vida. Además muchos centros poseen
comedor escolar que puede contribuir en la labor educativa fomentando menús
equilibrados. Distintos estudios evidencian la efectividad de las
intervenciones escolares para la prevención de la obesidad.
La influencia que tiene la unidad niño/familia/escuela para cambiar
comportamientos también ha sido tenida en cuenta en diversos proyectos que
involucran a los padres, con el objeto de mejorar los estilos de vida
saludables, encontrándose mayor efectividad de las
intervenciones realizadas en los grupos que implican a las familias con
respecto a los que no. La influencia de la duración de la
intervención también ha sido evaluada, consiguiendo mejores resultados las
intervenciones más duraderas.
Nutrición Hospitalaria
versión On-line ISSN 1699-5198versión impresa ISSN 0212-1611
Nutr. Hosp. vol.28 no.5 Madrid sep./oct. 2013
http://dx.doi.org/10.3305/nh.2013.28.5.6746
ORIGINAL / Pediatría
Objetivo
El objetivo principal de este estudio es valorar si una
intervención llevada a cabo por un profesional de la nutrición aporta un
beneficio adicional en la adquisición de conocimientos en salud y
secundariamente determinar la prevalencia de obesidad en un grupo de alumnos,
así como sus hábitos de vida, mediante la valoración de la adherencia a la
dieta mediterránea y la actividad física y el deporte.
Hoy en día, la salud no se considera simplemente como ausencia de enfermedad. Se entiende que una persona sana es aquella que goza de un bienestar general, tanto físico como psíquico o social, y es precisamente en la infancia donde se van modelando las conductas que dañan o benefician la salud, concepto que actualmente se conoce como “estilo de vida saludable”, que incluye el abandono del tabaco, alcohol y otras drogas, la práctica deportiva, la nutrición adecuada, y el desarrollo de nuevas vacunas.
Educar a los niños y niñas en Hábitos Saludables desde temprana edad, es la medida preventiva mas eficaz para mejorar la condición de salud a lo largo de toda la vida del individuo.
Desarrollar en ellos hábitos y costumbres sanos, que los valoren como aspectos básicos de la calidad de vida y que rechacen las pautas de comportamiento que impidan la adquisición de un bienestar físico y mental, ayudará a lograr cumplir el objetivo de “vivir más, vivir mejor” al evitar procesos patológicos desde su raíz, como las enfermedades cardiovasculares (ECV), aterosclerosis e hipertensión arterial, la ingesta calórica excesiva con obesidad, niveles elevados de colesterol, sedentarismo, hábito de fumar y beber alcohol.
Varios factores de riesgo podrán ser modificados, si se incorpora en la educación de los niños y niñas no sólo aspectos sanitarios, sino también sociales, culturales y económicos, para alcanzar un “estilo de vida saludable” incluyendo la promoción de hábitos saludables como el tipo de dieta cardiosaludable y hábitos nutricionales, el patrón de conducta personal y comportamiento (horas de televisión, videojuegos), hábitos (tabaco, alcohol), estilos de vida (actividad física, sedentarismo), la estructura social, y las variables biológicas, y factores eco ambientales.
El estilo de vida, está estrechamente relacionado con el comportamiento general de la comunidad y es una cuestión de masas de población.
Para introducir nuevos valores y que los niños adquieran hábitos saludables duraderos que redunden en su bienestar y calidad de vida, sobre todo de cara a su posterior desarrollo físico e intelectual, será conveniente que los padres sirvan de modelo.
Ha sido demostrado que los niños presentan una mayor predisposición a consumir alimentos saludables y a llevar una vida activa si tienen el ejemplo de sus padres y de otros miembros de la familia.
Es decir, si la familia practica hábitos saludables es mucho más fácil convencer a los hijos de que hagan lo mismo, y sus efectos se prolongarán a lo largo de toda la vida.
Hoy en día, la salud no se considera simplemente como ausencia de enfermedad. Se entiende que una persona sana es aquella que goza de un bienestar general, tanto físico como psíquico o social, y es precisamente en la infancia donde se van modelando las conductas que dañan o benefician la salud, concepto que actualmente se conoce como “estilo de vida saludable”, que incluye el abandono del tabaco, alcohol y otras drogas, la práctica deportiva, la nutrición adecuada, y el desarrollo de nuevas vacunas.
Educar a los niños y niñas en Hábitos Saludables desde temprana edad, es la medida preventiva mas eficaz para mejorar la condición de salud a lo largo de toda la vida del individuo.
Desarrollar en ellos hábitos y costumbres sanos, que los valoren como aspectos básicos de la calidad de vida y que rechacen las pautas de comportamiento que impidan la adquisición de un bienestar físico y mental, ayudará a lograr cumplir el objetivo de “vivir más, vivir mejor” al evitar procesos patológicos desde su raíz, como las enfermedades cardiovasculares (ECV), aterosclerosis e hipertensión arterial, la ingesta calórica excesiva con obesidad, niveles elevados de colesterol, sedentarismo, hábito de fumar y beber alcohol.
Varios factores de riesgo podrán ser modificados, si se incorpora en la educación de los niños y niñas no sólo aspectos sanitarios, sino también sociales, culturales y económicos, para alcanzar un “estilo de vida saludable” incluyendo la promoción de hábitos saludables como el tipo de dieta cardiosaludable y hábitos nutricionales, el patrón de conducta personal y comportamiento (horas de televisión, videojuegos), hábitos (tabaco, alcohol), estilos de vida (actividad física, sedentarismo), la estructura social, y las variables biológicas, y factores eco ambientales.
El estilo de vida, está estrechamente relacionado con el comportamiento general de la comunidad y es una cuestión de masas de población.
Para introducir nuevos valores y que los niños adquieran hábitos saludables duraderos que redunden en su bienestar y calidad de vida, sobre todo de cara a su posterior desarrollo físico e intelectual, será conveniente que los padres sirvan de modelo.
Ha sido demostrado que los niños presentan una mayor predisposición a consumir alimentos saludables y a llevar una vida activa si tienen el ejemplo de sus padres y de otros miembros de la familia.
Es decir, si la familia practica hábitos saludables es mucho más fácil convencer a los hijos de que hagan lo mismo, y sus efectos se prolongarán a lo largo de toda la vida.
Recuperado el 19 de mayo de
2018
https://habitossaludablesdevida.com/para-ninos
https://habitossaludablesdevida.com/para-ninos
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